Mi Cuarto Trastero: DE PRECIOS, PIRATERÍA Y STATU QUO

17.6.10

DE PRECIOS, PIRATERÍA Y STATU QUO


Soy una persona que no acostumbra a disfrutar de una amplia sobremesa salvo en contadas ocasiones. Sin embargo, en ese pequeño periodo de tiempo que separa el último bocado del postre y el momento de retirar los platos para llevarlos al fregadero, en mi casa pueden pasar dos cosas: bien que mantengamos una conversación interesante, bien que estemos esperando al intermedio para quitar la mesa. Por suerte ayer se dio uno de los primeros.

La conversación surgió a raíz de las declaraciones del Partido Popular acerca de la actividad “promocional” de nuestra querida ministra de Cultura Dña. Ángeles González Sinde en la última entrega de Versión Española. De ahí la conversación derivó al tema de la piratería – ¿cómo no? – para el que mi madre tiene una fácil solución: «¡Qué bajen los precios!». Cierta razón no le falta pero, ¿le daríamos el mismo valor a ver una película por 8 € que a verla por 3 €? Personalmente creo que no. De hecho, desde sus orígenes el cine trató de deslindarse de la concepción de espectáculo de masas y de barracas para alcanzar a un público más elitista y burgués que, por otro lado, era el que se encargaría de su sustento económico y posterior lanzamiento mundial. Aún más hoy cuando tiene que competir con el mercado del home entertainment y el concepto de propiedad que este conlleva.

Veámoslo con un ejemplo claro. Los videojuegos. Un juego para una de las videoconsolas de última generación no portátiles cuesta una media de 55 €. Así permanece unos meses. Cuando ya ha pasado un tiempo desde el lanzamiento de ese título el disco pasa a una serie inferior y reduce considerablemente su precio a unos 20 €. Ahora bien, en el diseño del juego, en su carcasa, queda bien claro si esa edición ha sido adquirida en el momento del lanzamiento (55€) o meses después (20€). Lo mismo ocurre cuando un nuevo modelo de videoconsola supera al anterior. Lo que quiero decir es que, al menos en determinados productos, cuenta tanto o más que la calidad el momento en que se realiza la compra y el estatus que esto otorga.

Leer un libro nada más salir a la venta, tener lo último en electrónica o jugar a ese juego del que todavía no se ha escrito nada son “privilegios” por los que estamos dispuestos a pagar un plus en nuestras facturas. Es verdad que la economía de cada persona es distinta, la mía la primera, y para solventar este “problema” el mercado ha encontrado soluciones legales, como la segunda mano, o ilegales, como la piratería. Lo que está claro es que el usuario de Internet no va a estar dispuesto a pagar ni la décima parte de lo que paga por el original cuando lo descarga de la Red por lo que, para acabar con la piratería, se deben barajar otras opciones como el pago de los derechos de autor en la factura telefónica, la edición de los originales de una forma que generen un valor añadido o, por qué no, la bajada de los precios.  

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