Mi Cuarto Trastero: PERDIDOS EN EL DESIERTO | La filosofía de la negociación

10.2.10

PERDIDOS EN EL DESIERTO | La filosofía de la negociación

Como es sabido, en Marruecos todo funciona mediante el mecanismo de la negociación. Esto es, cuando llegas a una tienda y ves algo que te gusta el comerciante (que no vendedor) prepara té y se sienta contigo situando entre ambos el producto que tú has elegido - y una hojita de papel si existen problemas de comprensión lingüística - .
¡Ha llegado el momento de negociar! La tarea, que al principio parece divertida, se convierte con el tiempo en pesada, tediosa, repetitiva y cansina para nosotros (estudiantes) acostumbrados a decidir lo que compramos más por el precio que por sus valores añadidos (véase gusto, estética, valor sentimental, deseo...)
Después de varios intercambios de precios aprendes que es útil usar algunos trucos, entre ellos uno de los más importantes es decir que eres catalán (yo no tengo nada en contra de los catalanes pero la fama llega hasta los lugares más insospechados). Una vez se pacta el precio tú obtienes tu producto y ya no hay nada más que hablar. Si no, "amigos para siempre".
Hasta aquí la explicación del mecanismo, para aquellos que no gustan de abrir el diccionario.

Pero la filosofía de pactar un precio llega mucho más lejos. Hablando con uno de los vendedores, después de comprar un camellito de cuero cosido a mano, me explicó que lo de negociar un precio va más allá del simple hecho de ganar dinero. En primer lugar porque el que compra valora lo que quiere en cuanto al valor que le otorga y el que vende intenta conseguir un precio
de acuerdo con el esfuerzo realizado en la elaboración del producto. ¡Vamos la ley de la oferta y la demanda en estado puro! En el proceso de subidas y bajadas del importe de requiebros y vacilaciones verbales y físicas (también ayuda el retirarse de la mesa de negociación) lo que se trata de obtener es el precio de equilibrio. Además, dicen los comerciantes marroquíes, que no debes preocuparte por saber cuál es el precio en otro establecimiento, en otro lugar, puesto que tú has pagado lo que creías justo y conveniente por un producto que podías haber acabado rechazando y el vendedor, evidentemente, ha salido ganando.

En la foto se ve una negociación en medio de las dunas con un vendedor ambulante. ¿Alguien da más?

A Moni y sus estudios

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