Mi Cuarto Trastero: DE POLIS Y PASEANTES

28.11.09

DE POLIS Y PASEANTES

Ayer viví una situación de esas que dices: "¡Uff yo no quiero ser así de mayor!!"

La situación es bien simple, como cada día para ir a clase, bueno, ayer especialmente porque los viernes no tengo clase pero tuve que ir para hacer un trabajo. El caso es que yo llegué a la parada como cada día y me aposte contra ese mástil que la señaliza para echar una cabezadita mientras llegaba el autobús.
Yo no me había dado cuenta, pero enseguida una señora de taimuchos se me acercó para sacarme de mi sopor matinal y gritarme al oído: "¡¡Es que manda narices!! ¿No ven que al pararlo ahí lo único que hacen es estorbar?" Yo salí de mi ensoñación y analicé la situación: una pareja de la guardia civil había parado justo en la parada a un muchacho con un coche negro que, a juzgar por su cara, iba poco más o menos como yo. Una vez que te acostumbras al transporte público de Madrid descubres que cuando una señora de taitantos te hace una pregunta no espera que tú la contestes, sino que alguien de los alrededores corroboré lo que ella dice. Así, no tardó no dos milésimas de segundo en surgir una segunda voz. En este caso era una señora acompañada de su cánido de bolsillo que apoyó las críticas de la primera con un: "Si es que la policía está cuando menos falta hace".
Tras este pequeño prólogo un caballero que no lucía espacios entre las canas alzó la voz para decir: "Ahí lo único que están haciendo es estorbar" y la mujer del micro-cánido le contestó de inmediato: "Claro, estorbar es lo único que saben hacer". Se giró hacia el guardia, también algo soñoliento, y le gritó: "¡Muchacho, no ves que ahí estáis estorbando, si es que podéis pararlo en otro sitio, que como llegue el autobús...".
Estoicamente, el municipal aguantó el tipo para no girarse y decirle a la señora y su perrito de juguete que se metiese en sus asuntos. Así, como si de una tragedia griega se tratase, el caballero de la cima nevada y la dama de la obertura se sumaron para hacer la voz del pueblo, aunque les faltaba el encanto de los coros clásicos.
Yo ya me había incorporado aunque observaba la situación en silencio y aguantaba las miradas de las señoras buscando el apoyo en mis dormidos ojos. La situación podría haber quedado así de no haber sido por la llegada de un último personaje, el autobús. En el preciso momento en que el 483 hizo aparición en la calle, el coro de paseantes empezó a elevar sus críticas para hacerse oír por los municipales, a la cabeza la señora del perrito.
El guardia, que hablaba agachado junto a la ventanilla del coche del muchacho levantó la vista y vio el panorama. Entonces y solo entonces se decidió a retirar el coche patrulla y el vehículo inmovilizado a un lado de la calzada.
En ese momento el autobús hizo su parada y yo, al subir , esperaba haber escuchado los aplausos de los personajes de está historia. En lugar de eso, el grupo se disolvió y ninguno de los tres entró en el autobús. Eso sí, la señora del micro-can sentenció la escena con un "si es que ya se sabe que la policía...".

Foto: fotos.devaldemoro

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